El Coro de la Catedral de Toledo

Tras la magnífica reja de Villalpando, el famoso coro.
El famosos Coro con su doble sillería celebérrima, con su elegantísimo altar de prima, con su Virgen Blanca, cuyo rosto ilumina una sonrisa sin par.
El famoso Coro de la Catedral de Toledo, con sus afiligranados atriles, cuajados de oro, con esa águila enorme de alas tan abiertas y tan recias; con esos órganos tan fastuosos, churrigueresco uno y greco-romano el otro, con esta imagen caballeresca, arrodillada al pie de la izquierda, bajo la trompeta de aquel ángles que pregona su fama, la fama de López de Aro, señor de Vizcaya que bien la conquistara en las Navas de Tolosa tremolando aquel banderín estrellado sobre fondo azul (1212).

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Berruguete en la sillería alta, a nuesta izquierda, y Borgoña a nuestra derecha en la más hermosa competencia artística que han visto los siglos, derramaron prodigiosamente, en filigranas, en maravillas, en bellezas inmortales los tesores de su gran talento.
El jaspe, el alabastro, el nogal se entregarían con amorosa blandura a la caricia sublime de los dedos magos de aquellos colosos de la escultura.
No debe pasar desapercibida la sillería baja, que también merece unas salvas d ehonor. También en ella lució el estilo de la época con sus representaciones admirables de luchas y batallas, otro artista: Maestro Rodrigo. Sin duda, empujados por el afán de superarla, Berruguete y Borgoña emprendieron la construcción de la sillería alta unos cincuenta años después.
Si hay ocasión, mieremos la sillería de cerca. Y luego elevemos la mirada al imponente grupo de la Transfiguración, donde Berruguete quiso poner digno remate a tanta maravilla como encierra el famoso Coro de la Catedral toledada.
Hacia el exterior del Coro (siglo XIV) admirando los pequeños altares de Santa María Magdalena y de Santa Isabel de Hungría, las columnas de mármol que, según se dice, pertenecieron a la antigua mezquita que aquí hubo, el firso, con escultura tosca, representando pasajes de la Historia Sagrada. El trascoro, con las capillas de Santa Catalina, Nuestra Señora de la Estrella (Siglo XVI) y del Cristo Tendido (S XVII) con unas preciosas esculturas, atribuídas a Vergara, que simbolizan la Inocencia y la Culpa, y un magnífico grupo escultórico que representa el Padre Eterno en la Creación.
Del otro lado de las mismas columnas de mármoles, las mismas toscas esculturas, con escenas de la Historia Sagrada y los altarcitos de San Miguel y San Esteban.

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