El orden en la construcción

Naturaleza: orden o desorden? Y luego otra vez, qué naturaleza? La naturaleza salvaje, intocable, aunque demasiado vasta no da la impresión de ser un caos.
Los ciclos, las mareas y los desperdicios parecen un orden visible. Las rocas, los ríos, las plantas e insectos, permiten  que su estructura sea observada. Vistos todos juntos representan un orden el cual en un nivel visual que nos interesa se vuelve imposible de medir. Aceptamos la variedad. Además la admiramos, sin embargo el hombre ha impuesto desde siempre, lo medible,  la ciudad, por sobre la naturaleza.
Tenemos que vivir ‘contra la naturaleza’ por lo tanto construimos desde el orden.
De acuerdo a que la naturaleza puede ser considerada un paisaje, debe dejar de ser tan salvaje, porque para ser un espectador, uno no debe sentirse amenazado.
El mundo se ha vuelto más hermoso desde que ha sido explorado decía Hellpack. El hombre impone la marca de su control en la tierra, agua y el mundo vegetal al rincón más lejano del mundo. Debe asumir la enorme responsabilidad que ese deseo implica.
Para construir debemos usar la simple geometría. Para diseñar y planificar caminos, construir casas, preparar un lugar, cortar piedras,  moldear o presionar ladrillos y paneles de concreto hacer un marco estructural y finalmente compaginarlo todo.
Debemos siempre buscar economizar nuestros esfuerzos usando la repetición de elementos que pueden ser reunidos.
La regularidad es la esencia verdadera de la construcción. Heinrich Tessenow decía “El orden es siempre más o menos miserable…pero tienes que tomar el mundo tal cual es, y para eso se necesita cierta falta de elegancia. La construcción de nuestras calles, puentes, casas y mobiliario es siempre algo improvisado y es por esa razón que necesitamos orden”.
La repetición, el alineamiento y la yuxtaposición de elementos idénticos y similares métodos de construcción  imponen orden en nuestros edificios y en nuestras ciudades.
Una ciudad colonial en una cuadrícula de diseño,  como Turín o Manhattan, una catedral Gótica, un edificio de Louis Kahn o un puente de Robert Maillart celebran el orden desde la estructura o desde las necesidades técnicas.
El orden que surge de la construcción finalmente educa al ojo e influencia nuestro sentido de la belleza.
Este gusto por la regularidad, una vez que se ha establecido, actúa sobre el diseño arquitectónico trascendiendo puramente los requerimientos de la construcción. El orden adquiere su propia autonomía.
Esto no significa que uno ignora las demandas de la construcción pero impone otro criterio.
Cada período y cada arquitecto establece su propia ética relativa al grado de autonomía permitida.

 

Bibliografía: “Elements of Architecture” Escrito por Pierre von Meiss. Taylor & Francis. 1990

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