Historia de El Coliseo Romano

El anfiteatro Flavio, mandado a construir por el emperador Vespasiano, se inaugura en el año 80 durante el reinado de Tito, el hijo de Vespasiano. Dión Cassio cuenta que en ocasión de la inauguración se organizan festejos que duran más de 100 días, con espectáculos de gladiadores, venationes con el sacrificio de alrededor de 5000 bestias (leones de África, tigres de la India, elefantes, hipopótamos, caballos salvajes, hienas, jirafas, cebras, asnos y alces) y la muerte de unos 2000 hombres. Marcial celebra con entusiasmo el nuevo monumento: “Calle de una vez la extranjera Memphis el prodigio de sus pirámides, que no se vanaglorie la industriosa Asiria de su Babilonia, que dejen de elogiarse los afeminados jonios por el Templo de Diana….Cualquier obra humana se doblega ante el Anfiteatro de César; de todas las demás obras, sólo de esta hablará la fama”.

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De hecho el anfiteatro, conocido universalmente como el Coliseo, es el monumento más célebre de la antigüedad.
No se conoce a ciencia cierta el origen del nombre “Coliseo”. Algunos lo atribuyen a su colosal grandiosidad, otros, a la cercana presencia del ”coloso’ de Nerón, una estatua en bronce que competía en grandeza con el anfiteatro. Hay que algunos que creen que el nombre deriva de su situación topográfica, en las proximidades del Collis Isaeum, en la región de Isis Serapis.
Para su edificación, los arquitectos flavios eligen su amplia área situada entre el Celio, la Velia y el Oppio. El área se encuentra en el ángulo sudoriental del poblado de los republicanos, fuera del centro de la ciudad, en una zona hasta entonces utilizada parcialmente para esporádicas intervenciones monumentales.
El anfiteatro consta de cuatro pisos. Los primeros tres con arcadas y adornados por medias columnas de estilo dórico (primer piso) jónico (segundo piso) y corintio (tercer piso) respectivamente. Cada uno de los tres órdenes están constituidos por 80 arcos.
Los del primer piso están numerados, exceptuando los que se corresponden con el eje mayor y el eje menor. Los dos primeros constituyen los accesos a la reana, los otros, los accesos para el emperador; los números de cada arcada sirven para facilitar el acceso a fin de alcanzar más fácilmente el asiento asignado, siempre en relación a la condición social del espectador.
El material empleado es el mármol travertino. Al parecer son utilizados 10.000 metros cúbicos, con la consiguiente dificultad para su transporte: 200 carros y 400 bueyes transportan el material desde las canteras hasta Roma a través de la vía Tiburtina, todos los días, durante cuatro años.
Las cifras y las anécdotas son innumerables: un destacamento entero de flota de Miseno (cien hombres que se alojan en un cuartel cercano al anfiteatro) se encarga del mantenimiento del toldo que resguarda a los espectadores del sol abrasador, y al menos mil hombres se acercan dos veces al año a la desembocadura del Tiber o al puerto fluvial de Roma para montar y desmontar el enorme toldo estival. El Coliseo puede acoger a cincuenta mil personas, y gracias a su complejo sistema de accesos, puede vaciarse en unos minutos.

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