Historia de la muralla de Ávila

La muralla de Ávila es característica de la ciudad. Cuenta con un perímetro de 2.516 metros, que cercan 33 hectáreas, con 2500 almenas, 88 cubos o torreones y 9 puertas. Fue construída en el siglo XI. Fuentes legendarias afirman que el Obispo Pelayo las bendijo el 3 de mayo de 1090 y que Casandro Colonio y Florín de Pituenga fueron los maestros constructores. Para su construcción se utilizaron materiales de murallas anteriores como queda demostrado en las urnas funerarias, estelas y lápidas romanas.


Puede iniciarse el recorrido a pie, que siempre es lo aconsejable; lo mejor es situarse junto al ábside o “cimorro” (como es conocido entre los albulenses) de la Catedral. Éste forma parte del lienzo amurallado, ya que el templo catedralicio está integrdo en la fortaleza defensiva de la ciudad, dominando ésta no solo por estar ubicado en la parte más alta, sinot ambién porque es la construcción más elevada de todas las que se levantan en la zona antigua. La escalinata queda a la calle San Segundo, junto al ábside, conduce a la capilla barroca de este santo y a la iglesia catedralicia.


La primera puerta de la muralla está a escasos metros del “cimorro”. Es la de los Leales, de la Catedral y del Peso de la Harina. Su construcción data de finales del siglo XVI. Es la mayor de todas y una de las dos que tiene forma rectangular, para permitir el paso de vehículos de cierta altura. En su lateral norte hay varias construcciones adosadas, las únicas que quedan en el exterior del recinto. Destacan las casas de las Carnicerías y de la Misericordia.
Tras atravesar unos jardines, en los que s epueden observar algunos restos arqueológicos y el escudo de la ciudad esculpido en piedra, que estaba en la antigua Alóndiga, se llega a la puerta de San Vicente, frente al templo que le da su nombre. Al igual que la del Alcázar que cerrará el recorrido, es de carácter defensivo, como queda patente en su configuración y los altos cubos que la protegen.

Puerta de San Vicente.

Muy cerca, en el ángulo noroccidental, está el llamado Cubo de la Mula. En la parte superior de este muro se aprecia la cabeza de una mula, en piedra. La leyenda cuenta que varios pueblos se disputaban el cadáver del ermitaño San Pedro del Barco. Para dirimir las diferencias, acordabron colocar el cuerpo del difunto a lomo de un amula y que fuera el animal quien caminara hasta el lugar donde habría de recibir sepultura. Así se hizo y la mula caminó hasta caer muerta junto a este cubo, enfrente de la iglesia donde se guarda el sepulcro del Santo. La mula fue enterrada en el cubo.

Este torreón, conocido como el Cubo de la Mula, está relacionado con San Pedro del Barco, un sacerdote nacido hacia el año 1088, cerca de la localidad del Barco de Ávila. Su gran bondad, le conduce al sacerdocio y al quedar huérfano, se dedica a una vida austera, cultivando la tierra como medio de subsistencia, repartiendo la producción entre los más necesitados.

La siguiente puerta es: Arco del Mariscal. De arco apuntado, no ha sido reformada. Recibe el nombre del Mariscal don Álvaro Dávila, que tenía su residencia en las cercanías.

Arco del Mariscal

La puerta del Carmen, que es la que se encuentra a continuación, fue ampliada en el siglo XIV para permitir la entrada y salida de carruajes y reformada de nuevo en el siglo XVI. En el lienzo de la muralla, a la derecha, hay una espadaña sin campnas, llamada del Carmen por el convento de Carmelitas Calzadas que había adosado en el interior, sobre lo que fue parroquia románica de Sal Silvestre y que en las últimas decenias fue Prisión provincial.
A partir de aquí, la muralla se levanta sobre la roca. En el lienzo de poniente, el más corto de los cuatro se halla la puerta de Adaja, de San Segundo o del Río. Sus cubos fueron restaurados en el siglo XV.

Puerta del Carmen

Comunica la ciudad con los puentes sobre el Adaja. El de mayor valor arquitectónico es el inferior, sólo utilizado por peatones. Tiene restos romanos, medievales y posteriores.

Puerta de Adaja.

Al concluir el lienzo accidental y después de subir por una escalera de piedra en mal estado, bordeada por picachos rocosos, se llega a una puerta alzada sobre la roca. Se llama de la Mala Ventura, Puerta Cerrrada del Matadero y Aco de los Gitanos. El primer nombre tiene que ver con la historia, pues por ella salieron los setenta caballeros que se dice exigió el rey Alfonso de Aragón, el Batallador, para comprobar que su hijastro Alfonso Raimúndez (el futuro rey Alfonso VII, tan vinculado a Ávila) se encontraba vivo. Los caballeros salieron por est apuerta y no regresaron. En el lugar conocido por Las Hervencias, en las afueras de la ciudad, fueron ajusticiados.
La puerta de La Santa, o de Montenegro, está a continuación. Su primer nombre se debe a que da a la plazuela donde estuvo la casa natal de Santa Teresa de Jesús.

puerta de La Santa

La puerta del Rastro, del Grajal o de la Estrella es la que sigue a la anterior. Tiene cubos cuadrados y un mirador, sobre un arco escarzano. Es el mirador de doña Guimar, y pertenece a la casa de los Dávila. Puede observarse, a su derecha, un postigo que está tapado (porque la ciudad así lo decidió, a principios del siglo XVI, en un pleito que tuvo con el propietario del palacio, don Pedro Dávila).


En la parte de la muralla que sa al paseo del Rastro, aparecen varias ventanas y balcones. Pertenecen al edificio que fue, primero placio de Navamarcuende, luego Colegio de Jesuitas y más tarde Palacio Episcopal.
La última puerta es la del Alcázar. Antes de llegar a eslla se ve, en el muro, un portillo elevado del suelo. Del Alcázar, nada se conserva, excepto la torre del Homenaje. Esta puerta está protegida por dos cubos, de unos 10 metros de altura, que están unidos por un puente. En el arco, en la parte exterior, el escudo de los Reyes Católicos y una inscripción que recuerda las obras de restauración ordenadas por Felipe II en 1596. Ante esta puerta, los nobles figuraron el destronamiento del rey Enrique IV el Impotente, según algunos historiadores, el hecho sucedió en una dehesa). Comunica el interior amurallado con la plaza de Santa Teresa o del Mercado Grande.

Puerta del Alcázar

Para concluir el recorrido exterior por la muralla, lo mejor es subir al adarve. La única parte que puede ser recorrida hoy es ésta de la puerta del Alcázar, entre el ábside de la Catedral y el edificio del Banco de España. Desde arriba, la visión que se ofrece merece el esfuerzo de la subida. No sólo por contemplar las calles y plazas que se forman abajo y las iglesias y conventos que las circundan, sino tmabién por la bella panorámica que se cierra, al sur, con las cercanas sierras del Zapatero y de la Serrota. Un apuesta de sol, sobre todo en otoño, es una estampa inolvidable.


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