Plaza de San Antonio. Aranjuez

La Plaza de San Antonio es la primera y magnífica escena urbana del sitio donde la Corte borbónica desplegaba su magnificencia en primavera. Fue ideada por el arquitecto Bonavía como marco para la estatua del rey Fernando VI que antaño coronaba la fuente, dotando a la plaza de un carácter emblemático. Está flanqueada por edificios para el alojamiento del séquito real: las Casas de Oficios y de Caballeros a la derecha y la de Infantes a la izquierda, todas rodeadas por galerías que las unen con el Palacio y que siguen el modelo de la Casa de Oficios que es del siglo XVI. Para caracterizar arquitectónicamente el amplio espacio de la Plaza era necesario dotar a su testero de un elemento fuerte que será la graciosa fachada tardo barroca de la Real Iglesia de San Antonio, enlazada mediante pórticos con las galerías de Caballeros e Infantes.
Esta arquería de medio punto unifica los volúmenes y las partes de la Plaza. Los árboles sirven para proporcionar la considerable anchura del área con la relativamente escasa elevación de las edificaciones en torno y para unir en un continuo los trazados de calles arboladas (dentro y fuera del pueblo) y los Jardines. Otra masa arbórea la del Jardín de Isabel II reemplaza esta sensación de unidad con el conjunto. De estos equilibrios entre los ejes y los elementos nace la armonía de la plaza.
La confirguración definitiva de la misma tiene lugar en el reinado de Carlos III, cuando se termina Caballeros y se construye enfrente la Casa de Infantes, se levantan los arcos de enlace entre los pórticos de estos edificios y los ramales de la capilla de San Antonio y se hac eun nuevo desmonte de la plaza eliminándose el arbolado. Todas éstas obras fueron trazadas por Jaime Marquet, pero dirigidas por el aparejador Manuel Serrano en ausencia del arquitecto francés.

Fuente de la Mariblanca, Iglesia de San Antonio, Aranjuez

La fuente de la Plaza de San Antonio se concibió en 1750 como homenaje a Fernando VI entonces reinante, y dotaba a este espacio urbano con el carácter de Plaza Real, escenario de la gloria del Monarca responsable de todo el programa urbanístico. Además de su sentido como monumento, desempeñaba una función que valía la pena resaltar: el nuevo suministro de agua potable al flamante pueblo. Ha sufrido muchas transformaciones en su historia: en ella se entrelazan dos proyectos arquitectónicos, el inicial de 1750 y la reforma de 1830 a la que debe su aspecto actual y dos lecturas iconográficas, la original de 1750 y la de 1760.
Separa a la plaza del río el Parterre de Palacio, frente al cual se extiende el tridente formado por las calles de la Reina, del Príncipe y de las Infantas.

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