Palacio de Galiana

Entre la esmeralda de la huerta ubérrima, el arrullo eterno de la canción del Tajo, más allá de la Estación, unas ruinas, a duras penas se sostienen en pie.
Ella dicen la añoranza de aquellos días lejanísimos en que la gentil Galiana, “la mora más bella de toda la morería” quebraba contra aquellas paredes su voz de plata y su risa de cristal. En que la única hija del Rey Galafre vivía la inquietud de verse solicitada por Albenzaide, Rey de Guadalajara a quien no quería y por Carlos hijo del rey de Francia a quien apasionadamente amaba.

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Y dice la leyenda, que en el patio de este castillo en las noches de luna, brilla, como un relámpago, el fulgor de las espadas de los alanes en su lucha para decidir quién había de ser el afortunado esposo de la princesa mora.

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La pesadumbre va desmoronando  poco a poco el Palacio de Galiana a través de los siglos.

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