Los diaguitas

Numerosas expresiones artísticas prosperaron en América: las pinturas rupestres de Baja California, la escultur amegalítica o moasis de la Isla de Pascua y la de San Agustín (Colombia), la cerámica tarasca, arte profano de sensible modelado que prosperó en el oeste de México; la alfarería de los indios Pueblo (Nuevo México) y de la Isla de Marajó en la desembocadura del Amazonas, la orfebrería y la tejeduría chibcha, la alfarería diaguita.
Los diaguitas, quienes residían en  el NO argentino nos han dejado esculturas en piedra, discos de cobre, hacas de bronce, pictografías y sobre todo diversos tipos diferenciados de alfarería, disciplina en la que sobresalieron. Los diaguitas recibieron influencias de Tiwanaku y de los incas, pero sus orígenes se remontan al período preincaico de la costa. Dos mitos fundamentales de su religión, el culto tributado al Sol o Pachacamac costero (similar al Wiracocha andino) y Pachamama, la madre tierra lo atestiguan.
Entre los diversos tipos de alfarería es valiosa la santamariana, con urnas funerarias para niños, de cuello largo, con motivos antropomorfos y geométricos pintados en rojo, negro, amarillo, blanco que se fundan en elementos decorativos escalonados y grecas y también en estilizaciones zoomorfas y fitomorfas. Otro tipo es la alfarería de los Barreales, una cerámica incisa y de color que se destaca por sus motivos draconianos o serpentiformes, en rojo y negro; o en la alfarería negra, en vasos con decoración incisa. El estilo draconiano del tipo de los Barreales acude a la línea curva; el tipo satamariano a la recta o quebrada. El tipo Angualasto manifiesta una decoración con motivos geométricos, dispuestos verticalmente. El tipo Condorhuasi se expresa mediante formas de niños, con elementos lienales y de color. En el tipo Belén las urnas funerarias muestran líneas geométricas pintadas en negro o con incisiones y ojos en relieve. En cuanto a la llamada cultura chaco-santiagueña que investigaron los hermanos Wagner, presenta una cerámica polícroma y urnas funerarias, en las que predomina una deidad plañidera en que se mezclan formas de ser humano, pájaro y serpiente. En síntesis una concepción estilística abstracta y de elementos reales que domina en todas las culturas precolombinas de América y define su destino en la plástica.

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