Antoni Gaudí

Antoni Gaudí i Cornet nació el 25 de Junio de 1862 en la ciudad de Reus (segunda concentración urbana de la Cataluña de ese tiempo) en el seno de una familia de caldereros. La originalidad y el profundo carácter de la obra que levantó Antoni Gaudí han hecho de él y de sus realizaciones un tema de continua controversia. Refiriéndose a su figura se ha dicho que sólo cada siete ú ocho siglos la humanidad produce una arquitectura original, nueva, capaz de transformarlo todo.

La Casa Vicens (calle de las Carolinas, Gracia) un juego con la geometría inspirado en la arquitectura arábiga que ensaya con éxito la incorporación del color y una ruptura evidente con los cánones de la época. La obra fue construída por encargo de un fabricante de mosaico.

Los primeros edificios de Gaudí, como Casa Vicens y Villa El Capricho, fueron seguidos por una serie de obras famosas para su patrón, Eusebi Guell, incluyendo la Finca Güell y el Parque Güell, famoso por el dragón de mosaico de Gaudí.

Es verdaderamente así como hay que enfrentarse a la obra y figura de Gaudí, comprendiendo que tras el desbordamiento imaginativo y la creatividad que le caracterizan se esconde una concepción completa y coherente, armónica y monolítica, de la sociedad y del hombre, de la política, de la religión y en definitiva, de la arquitectura con que sirvió sus hondas convicciones.

Farola de Gaudí. Plaza Real.

El arquitecto más universal que ha dado Cataluña fue el último de cinco hermanos y si bien no siguió el oficio tradicional de la familia, siempre proclamó y reconoció en la profesión del padre su propia concepción personal del espacio y el volumen. Gaudí vela en la construcción de las calderas que su padre producía un tratamiento libre, casi inmaterial, del espacio, no sujeto a otras normas que la maleabilidad del material y la voluntad de las manos, sirviendo, naturalmente, una necesidad o una función.
Ante el conjunto de la obra de Antoni Gaudí, se presenta la cuestión fundamental: ¿frivolidad o sinceridad? ¿vanidad o silencio?. La imaginación desbordante y el arrinconamiento de los cánones tradicionales, características que distinguen a Gaudí, han permitido pensar que nos hallamos ante la obra de un visionario, de un adelantado a su época. A más de tres cuartos de siglo de aquellas realizaciones, hoy parece absurdo mantener ante la obra la visión superficial con que Gaudí fue injustamente tratado, incomprendido, por la mayoría de sus contemporáneos.
Para comprender la obra de Gaudí hay que situarse en la época de la agonía del romanticismo y de los modelos neoclásicos y también en el espacio geográfico en que vivió, y que amó y comprendió totalmente en aquel momento de renovación: las ciudades de Reus y Barcelona. Es el momento del estallido modernista, el movimiento de regeneración y replanteamiento de las artes en que se puede producirse el personbaje y su obra. Con todo, también hay que señalar que Gaudí (siempre vinculado a su momento histórico y a su pueblo) adelantándose a su época no se ciñó nunca a unos criterios de escuela, lo que hace de su figura y de su obra un capítulo aparte en el Modernismo (también conocido como Modern Style, Sezessionstil, Art Nouveau, Style 1900).
Tras los primeros estudios cursados en Reus, Gaudí pasó a Barcelona, donde los terminó e inició la carrera de arquitectura costeada por su padre, que para ellos tuvo que vender una pequeña propiedad que tenía. Durante toda la carrera Antoni Gaudí fue alternando  el estudio y la colaboración profesional con diversos arquitectos de Barcelona. Ya obtenido el título, estas colaboraciones prosiguen y el arquitecto trabaja en las tareas decorativas del Parque de la Ciudadela de Barcelona del camarín de la Virgen de Monserrat, en las farolas de la Plaza Real de Barcelona, la casa Vicens, la cooperativa La Obrera Mataronense y el mobiliario de la capilla de Comillas, aparte de diversos proyectos no siempre concluídos. Son los primeros tanteos que permitirán hallar las soluciones (síntesis del medievalismo románico-gótico, naturalismo orgánico, orientalismo, geometrismo) que configurarán toda la obra posterior. La diversidad de los encargos es evidente y también se mantendrá en toda la producción del arquitecto: obra urbana, decorativista, privada, social y religiosa.

“La creación sigue incesantemente por medio del hombre. Pero el hombe no crea: descubre. Los que buscan las leyes de la Naturaleza como apoyo de sus nuevas obras colaboran con el Creador. Los copistas no colaboran. Por eso la originalidad consiste en volver al origen”. Antoni Gaudí.

Estas palabras de Gaudí encierran todo su pensamiento y permiten pues sintetizar las grandes fuerzas que convergen en su obra: naturalismo orgánico vinculado a la tierra y al hombre, sentido de la geometría y del movimiento espacial, uso funcional del espacio sin detrimento de la grandeza, consideración de la obra como un todo coherente al servicio de la más profunda convicción sobre el hombre. Tras todo ello aparecerán pues las continuas parábolas, el uso de los materiales propios de la época (hierro, hormigón) combinando con un tratamiento nuevo de los ya tradicionales (ladrillo, piedra, mosaico) la geometría arabizante, pulcra y los elementos de una naturaleza fabulosa, vivísima.
Cuando Gaudí se hace cargo del proyecto del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia sólo cuenta treinta y seis años. Es uno de los primeros encargos que recibe y sin dudarlo, en de mayor envergadura material. El solar había sido adquirido en 1881 por la Asociación de Devotos de San José y el encargo de realización se adjudicó al arquitecto Del Villar, con quien Gaudí ya había colaborado varias veces. Iniciada la obra en 1882, Del Villar declinó continuarla y la cedió a Joan Martorell, arquitecto fundamentalmente religioso, que a su vez pasó el encargo a su ex ayudante Gaudí. El arquitecto nunca abandonó esta obra gigantesca que él mismo reconocía no poder terminar; por ello este proyecto fue alternado con otros encargos. Qudaban atrás pues las primeras obras, ya enumeradas, la casa Vicens, que Gaudí construyó para un fabricante de mosaico, reformada con su autorización en 1925, el Capricho de Comillas y más de un proyecto no realizado.
En la Sagrada Familia, como en la mayor parte de su producción, Gaudí contó con la colaboración muy activa y directa de otros arquitectos, escultores, alfareros, albañiles, etc. Se trataba siempre de personas íntimamente, absolutamente compenetradas con Gaudí y el arquitecto se confiaba a menudo sus iniciativas y soluciones. Citemos entre estos a los arquitectos Berenguer y Jujol, colaboradores permanentes de la obra de Gaudí.
Antoni Gaudí fue un hombre profundamente religioso. Determinadas circunstancias le ofrecieron especializarse en el campo de la arquitectura la servicio del culto. Recordemos sus realizaciones en Monserrat, el colegio de las Teresinas, el Palacio episcopal de Astorga y la cripta de Santa Coloma de Cervelló, su obra más personal. Otro gran capítulo de la producción gaudiniana es el de sus trabajos para el Conde Güell. Con estos dos indicios podemos ver que, dejando aparte la religiosidad personal del hombre, su obra fue, como en tantos otros casos, fruto del carácter de los encargos, pero siempre resultado de su personal singularidad. ¿Cuál hubiera sido el balance si la obra hubiese seguido la experiencia urbanística del barrio obrero de Mataró?. Probablemente semejantes aunque con una orientación, una finalidad distinta. Siempre hubiera brillado la fuerza expresiva con que Gaudí concebía espacios al servicio del hombre.
La línea goticista y adesplegada en el proyecto de la Sagrada Familia se mantiene en las realizaciones de Astorga, León y en la que entre 1900 y 1902 (los clásicos dos años que Gaudí dedica a cada nuevo proyecto) levanta para la familia de Figueres y que conocemos con el nombre de la desaparecida residencia real de Bellesguard de la corona Catalano-Aragonesa en la Bonanova de Barcelona. Ésta línea gotizante se había interrumplido sin embargo en la casa Calvet, de la calle de Caspe del ensanche barcelonés, obra de resonancias barrocas, de fachada en piedra labrada como la casa Botines y que prosigue valiéndose de ese apoyo fundamental que es para Gaudí el uso dle hierro forjado.
Antes de su muerte Gaudí vivió los últimos años de su vida en un chalet en el Parque Güell. Murió en Barcelona el 10 de Junio de 1926, tres días después de haber sido atropellado por un tranvía.
Entre 1984 y 2005, 7 de los edificios de Antonio Gaudí han sido declarados Patrimonio de la Humanidad, entre ellos la fachada de la Natividad, la cripta y el ábside de La Sagrada Familia, el Parque Güell, la Casa Vicens y la Casa Batlló.

Listado de las principales obras de Antoni Gaudí

Casa Vicens (1878-80)

El Capricho (1883-85)

Palacio Episcopal de Astorga (1887-93)

Casa Botines de León (1892-94)

La Sagrada Familia

Parque Güell (1900-14)

Casa Milá o La Pedrera (1905-10)

La torre de Bellesguard

Casa Calvet (1898-1904)

Casa Batlló (1904-06)

Restauración de la Catedral de Mallorca (1904-1913)

 

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